Ancianos japoneses eligen la cárcel antes que la pobreza

En Japón, las personas mayores cometen cada vez más delitos menores para entrar en prisión y garantizar comida, refugio y atención sanitaria. Las bajas pensiones y el escaso apoyo social las obligan a dar este paso, transformando las cárceles en residencias de ancianos y poniendo en duda la eficacia de todo el sistema social.


Ancianos japoneses eligen la cárcel antes que la pobreza

Japón se enfrenta a una tendencia preocupante: las personas mayores están cometiendo cada vez más delitos menores para ser encarceladas. La principal razón es la pobreza y la falta de apoyo social. La pensión estatal, que apenas cubre los gastos diarios, empuja a los ancianos a robar alimentos en las tiendas que visitan con frecuencia. Como señala el demógrafo Michael Newman, la baja pensión es insuficiente para cubrir las necesidades básicas como la vivienda, la comida y la atención sanitaria. En el pasado, los hijos cuidaban tradicionalmente de sus padres, pero ahora las dificultades económicas obligan a los jóvenes a abandonar las zonas rurales, dejando a los mayores a su propia suerte. Muchos delincuentes mayores no quieren ser una carga para sus hijos y consideran la cárcel la única manera de garantizar comida, refugio y atención médica. Este fenómeno ha transformado las cárceles en lugares de castigo en instalaciones que se parecen más a residencias de ancianos, con un enfoque en la rehabilitación y la atención sanitaria. Sin embargo, los expertos advierten que esto crea una enorme carga financiera para el presupuesto y señala un fallo más profundo en el sistema de apoyo social. Por ejemplo, en las cárceles de Fukushima, los reclusos mayores a menudo necesitan andadores o ayuda con la higiene. El sistema cada vez encuentra más difícil gestionar problemas psicológicos como la demencia antes de la liberación de los reclusos. A pesar de esto, para algunos, la cárcel se convierte en un refugio. Uno de los reclusos, un hombre de 67 años referido como N, dice que se feliz aquí porque encuentra apoyo y la oportunidad de aprender. Cree que su tiempo en la cárcel es una forma de vivir con dignidad y no ser una carga para la sociedad.